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Hay una etapa en la vida de los niños, en la que están especialmente interesados en este tipo de juegos: investigar y explorar el cuerpo de sus compañeros.


Etapas en el desarrollo sexual del niño

Durante los 0 y los 6 años, podemos observar grandes cambios en la sexualidad infantil.

Partimos de la base de que desde el nacimiento, los niños tienen capacidad de sentir placer con el contacto piel a piel. Son muy importantes las relaciones que mantienen con las personas que les cuidan y con las que se vinculan afectivamente, también denominadas figuras de apego. El vínculo afectivo con estas figuras es muy importante en la vida sexual y afectiva del niño, puesto que es, en esta relación, donde aprende a acariciar y ser acariciado, mirar y ser mirado, etc… Alejandra González-Choren, psicóloga infantil realiza la siguiente explicación sobre la evolución sexual del niño:

Sobre los 2-3 años, comienza el interés de los niños por los órganos genitales, descubren las diferencias entre los niños y las niñas y adquieren el control de esfínteres. A partir de esta edad, y sobre todo desde los 2 a los 5 años, los niños disfrutan con su cuerpo y se tocan los genitales, algo que hay que aceptar como lógico y natural dentro de su desarrollo evolutivo.

La mayoría se toca sin sentir vergüenza ni angustia, puesto que está en pleno proceso de socialización. A algunos, les calma tocarse y lo hacen en la siesta o por la noche, ya que les ayuda a dormir. Otros, jamás se tocan los genitales. Si se tocan en privado, lo mejor es no hacer el menor comentario, ya que de lo contrario, contribuiríamos al refuerzo y repetición de dicha conducta pero, si se está tocando en público, lo mejor es recordarle (si estáis de acuerdo), que debe hacerlo en la intimidad e, indicarle qué lugares de la casa consideráis íntimos. Esta noción de intimidad conviene introducirla a partir de los 3 ó 4 años y habrá que repetirla muchas veces hasta que el niño aprenda a distinguir entre lugares públicos y privados. Es importante que nunca les regañéis ni les hagáis sentir culpables, si les veis tocarse.

Otro asunto muy distinto es el caso, en el que los niños se tocan continuamente, llegando a alterar sus actividades académicas y demás responsabilidades a lo largo del día, de forma que se trata más, de una conducta de tipo compulsivo que utilizan para calmarse por una excesiva ansiedad o debido a una crisis emocional. En este caso, es necesario que consultéis con un profesional.


Entre los 4 y los 6 años
la curiosidad del niño es enorme y todo le interesa, lo toca y observa. ¿Por qué no va a investigar su cuerpo y el de los demás como lo hace con todo? Es entonces cuando se da cuenta que los niños son distintos a las niñas y no pierde oportunidad en comprobarlo. Empiezan las preguntas sobre este tema; preguntas que se repiten hasta la saciedad, junto con los famosos “¿por qué?” que debemos contestar tantas veces sea necesario.

La misma curiosidad que les hace tocarse los genitales les lleva, en algunas ocasiones, a juegos de carácter sexual. Este comportamiento indica curiosidad por su propio cuerpo y por los de las demás personas y, esta curiosidad es lógica y natural. No les regañéis y evitad emitir mensajes de culpa.

Cuando los encontréis en esta situación, si queréis y en función de vuestros criterios educativos, podéis indicarles que se vistan y que vayan al cuarto de estar o bien podéis dejarlo estar, acordando con ellos una serie de reglas para cuando jueguen juntos la próxima vez (puerta abierta, que jueguen vestidos….


¿Qué significan estos juegos para los niños?

Una vez que los niños tienen asumido su “yo” como algo diferente a los demás y una vez explorado y conocido su cuerpo, necesitan compartirlo con el de los demás para ir observando sus diferencias y semejanzas. Es entonces cuando empiezan a jugar a los médicos o a papás y mamás. Pero, ¿qué significado tienen para ellos estos juegos? Las respuestas varían mucho según las opiniones de cada profesional. Para Pelancha Gómez-Olazábal, psicóloga con más de 27 años de experiencia en el mundo infantil son actividades sexuales “Cuando decimos que los niños juegan a los médicos, utilizamos el término como eufemismo; en realidad se trata de verse desnudos y tocarse: en una palabra, es un juego sexual y siempre encuentran el motivo para incluirlo en sus actividades”. Por su parte, la psicóloga Alejandra González-Choren, experta en psicoterapia infantil y juvenil, afirma que este comportamiento indica curiosidad por su propio cuerpo y por el de los demás; curiosidad lógica y natural.


La actitud de los padres

Para Juan Pedro Valencia, psicólogo especializado en Escuela de Padres y modificación de conducta, lo fundamental es tener en cuenta que los padres servimos de ejemplo de nuestros hijos en todo el abanico de comportamientos y áreas que realizamos constantemente, incluyendo la sexual, por lo que dependiendo de nuestra actitud en ese aspecto el sexo será para ellos algo correcto o incorrecto, placentero o desagradable. “Es importante tener clara la orientación que deseamos dar a nuestros hijos ya que la información que no les demos los padres la recibirán de otras “fuentes” de seguro no tan fidedignas como nosotros. Jamás hay que mentir y siempre explicar o responder a las preguntas del niño, teniendo en cuenta, eso sí, que debemos adaptar esa respuesta a su edad, sin considerarle adulto antes de tiempo, pero respondiendo siempre. El niño intenta completar su identidad corporal con sus preguntas, especialmente si percibe que algunas se eluden o desvían notablemente. Además, de esta forma, aumentará la confianza e intimidad con ellos por lo que es más probable que ante cualquier duda acuda a nosotros “porque papa y mamá siempre me contestan” que a terceras personas.


Cabe recordar que siempre valorarán más la actitud de confianza, tranquilidad y naturalidad al responder a sus preguntas sobre sexualidad que la propia respuesta.
También es fundamental que haya coherencia entre lo que se dice y se hace, manteniendo el mismo criterio a lo largo del tiempo. Por ejemplo, si les decimos “Los besos son buenos, no pasa nada” y luego pasamos las escenas de besos de una película, manifestamos una contradicción. Y, sobre todo, debemos intentar ser lo más naturales posibles y no escandalizarnos cuando se toquen, nos vean desnudos o nos hagan preguntas de contenido sexual”.


¿Mamá, de dónde vienen los bebés?

Entre los 5 y los 8 años, dependiendo siempre de la madurez del niño, suele ser un buen momento para hablarles de la reproducción. No debéis darles información detallada, es suficiente con explicarles superficialmente cómo se produce. Lo mejor es, utilizar los momentos idóneos para enseñar, por ejemplo, al ver una mujer embarazada en el parque, al ver una escena en la televisión, etc.

Lo recomendable es hacerlo con la ayuda de algunos de los libros y manuales ya que, de esta manera, los niños reciben la información a través de imágenes y estrategias pedagógicas adaptadas a su evolución emocional correspondiente. Además, si utilizáis un manual, evitaréis poneros nerviosos y os facilitará dicha tarea, evitando también, darle un exceso de información.

Algunos consejos…

Debido a la amplia información que se ofrece sobre el tema y a que los tabúes son cada vez menores, los padres se encuentran más seguros ante las preguntas sexuales de sus hijos, pero nunca está de más dar algunos consejos, como éstos de la psicóloga infantil Pelancha Gómez-Olázabal:

1. Se debe empezar preguntando al niño qué quiere saber y, según sus preguntas, contestarle con sinceridad y naturalidad; utilizando las palabras correctas para denominar las partes del cuerpo, incluidos los genitales. Los eufemismos los empleamos los adultos por pudor, pero el niño no necesita de ellos. Hay que emplear palabras fáciles para él, tanto a nivel de pronunciación como de comprensión.

2. Hablar a los niños de forma natural, respondiendo tantas veces pregunte y sin dar más información de la que necesita en cada etapa evolutiva. Muchos padres, deseosos de ser lo más sinceros posible, dan una información demasiado exacta que no hace sino llenar de dudas e intranquilidad al pequeño. Es conveniente marchar al compás de saber que el niño siente y no tratar de darle detalles para los que no está preparado.

3. Si insiste una y otra vez sobre la misma pregunta y parece no quedar satisfecho con la respuesta o aparentemente la olvida, puede deberse a que detrás de su pregunta hay una duda encubierta, que quizá sea lo que en realidad le preocupe. Por ejemplo, cuando insiste en por dónde nacen los bebés, tal vez lo que quiere saber es si la madre sufre algún daño en el proceso, un temor que, en los niños, es muy frecuente. Si la madre está embarazada, este temor es producto de los celos que experimenta ante la llegada de su nuevo hermanito. Por esta razón, necesita que le aseguren que tener el bebé no producirá ningún daño en su madre. Otras veces les es difícil entender que la vagina se dilate de tal forma que pueda salir por ahí un bebé y prefieren, además de ser más cómodo para ellos, entender que los sacan “cortando por la tripa”. Es fácil imaginar que lo asocian a los cuentos donde se abre la tripa del lobo y se saca a la abuelita, a caperucita, a los seis cabritillos… Los niños entre los 5 y los 7 años, están en la fase del llamado “realismo fantástico”, donde tienen tendencia a interpretar las informaciones según su propio criterio. Las que no encajan en su mundo, son descartadas por “ilógicas”.


4. Si, a pesar de darle una información lo más real posible, ves que tu hijo entiende otra cosa hecha a su medida y con ingredientes fantásticos, déjale tranquilo pues esto le hace comprender mejor las cuestiones vitales que a él le preocupan. Sólo debemos corregirlas si corre el riesgo de que se rían de él sus amigos o compañeros.

5. Si los niños detectan que los padres se azoran al hablar de estos temas, insistirán para ponerlos en una situación embarazosa o puede que dejen de preguntar. Así irán asimilando que hay ciertos temas que nos incomodan y pueden captarlos como algo malo y prohibido. Es entonces cuando dejan de preguntar y se esconden para explorarse a sí mismos o a los demás. Estos padres, que han respondido con evasivas a sus hijos cuando eran pequeños o que nos les han hablado con naturalidad y sinceridad, que no esperen que su hijo tenga una comunicación con ellos cuando llegue a la adolescencia, especialmente sobre sus experiencias sexuales.


¿Tu hijo nunca pregunta sobre hechos básicos de la vida?

Los pequeños hacen preguntas sobre todo lo que ven, necesitan explicaciones sobre porqué las cosas son de una manera y no de otra; cómo funcionan las cosas y, sobre todo, cómo funcionan las personas; porqué su cuerpo está formado de un determinado modo, cómo se hacen y cómo nacen los bebés, porqué la gente tiene que morir, etc.

Si tu hijo no te ha hecho preguntas de este tipo, según Pelancha Gómez-Olazábal, no es por que no le inquieten, más bien puede ser por circunstancias como las siguientes:

• No encuentra un ambiente de diálogo abierto en su casa.
• Alguna vez le has contestado con evasivas o se ha dado cuenta de que estas cuestiones te ponen nervioso.
• Le ocultas cuestiones y relaciones de su vida y se da cuenta de que no hay confianza suficiente y necesaria para plantear estos temas.
• Alguna vez te ha notado contrariado ante sus insistentes preguntas y piensa que te molesta dar explicaciones.


Debemos ser pacientes y contestar a sus preguntas hasta que queden satisfechos con la respuesta e intentar averiguar si hay alguna otra cuestión encubierta, que sea lo que realmente les preocupa.

Se puede iniciar abiertamente cualquier cuestión, si vemos que él no pregunta y tú piensas que ya tiene edad para interesarse por ello. La respuesta del niño te dará el motivo de por qué no se ha producido de manera espontánea. La vida te da cientos de oportunidades para iniciar este diálogo con tu hijo.

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